martes, 13 de septiembre de 2011

Pastel Imposible


Antes, hace muchos años, cuando la gente tendía a conocerse por correspondencia podría decirse que sus citas eran misivas larguísimas de relatos intrincados con metáforas barrocas en donde el enamorado (generalmente varón) explayaba en páginas y páginas sus viajes, el cuerpo de la bella dama y los más secretos anhelos y esperanzas de los rincones de su galante ser. La única desventaja quizás sería que estos pedazos llenos de tinta y bonitos sentimientos tardaban meses a veces en recibirse; cuando llegaba el momento las receptoras eran todas ojos emocionados y manos temblorosas; eso explicaría también el hecho que luego se casasen con mucha pompa y regocijo después de aguantarse las ganas de toquetearse por meses.

Luego la modernidad en el transporte y las comunicaciones nos trajo el telégrafo que para los que no lo ubiquen era como un twitter escrito en clave morse donde se comunicaban las nuevas más urgentes. Dudo mucho que en el tiempo del telégrafo los amantes encontraran calma a sus ardientes pasiones y sus feroces descripciones del cuerpo del deseo; por fortuna, poco tiempo después (como 50 años) se inventó el glorioso teléfono y entonces podían llamarse a traves de miles y miles de metros de cableado usando su voz que, dicho sea de paso, a veces constituía un honroso misterio.

Como sea y a tirones y a empujones, con siglos de retraso y con otros tantos de déficits de atención o retrogradismo grupal llegaron las liberaciones de todo tipo y con eso se revolucionó la imagen del cortejo. Se devaluó en las grandes urbes la figura del ama de casa sumisa, discreta, entregada a su hogar, recatada y se reemplazó por el la muchacha locochona y liberal que usaba blusas con minúsculos botones a punto de romperse y mini faldas que revelaban celulitis, piel de naranja y un escaso uso de cremitas de esas que venden por catálogo.

Pronto nos encontramos inmersos en el otro extremo del complejo: esas muchachas que antes eran apreciadas por resistir estoicamente el cortejo durante años sin ceder un ápice de repente se encontraron siendo marginadas y desplazadas por otras que iban prácticamente desnudas y que sin pudor alguno abrazaban a sus novios mientras les mordían las orejas y se tatuaban sus nombres en la espalda baja.

Así que ahora, en estos tiempos tan surrealistas y eclécticos donde todo es una mezcla de todo y muchas veces una repetición caleidoscópica en collage de prácticas, conductas, ideas, alienaciones y demás ya uno no sabe ni qué es mejor o qué es peor. Que si es muy segura de su cuerpo y gusta de pasearse en paños menores por las calles es una piruja ofrecida descocada buscona y si, por el contrario, la dama prefiere portar un hábito de tela que le cubra hasta los pensamientos no conforme con decirle que es una mojigata algunos tienden de tacharla de mustia, de lobo vestido de cordero, de desafiante súcubo que orilla a los hombres al pecado.

Es chistoso como se contrastan y divergen las concepciones acerca de las tradiciones en los contextos sociales. Muy chistoso. Y muy triste, a veces.

alternBRUNO°°


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