viernes, 9 de septiembre de 2011

Locatarios


No recuerdo bien en que momento nos convertimos en locatarios del centro, o en un mall comercial en reforma con puertitas de acrílico para los que se sienten muy finolis.

En serio, no consigo ubicar el punto espacial en el cual comenzamos a abrir las primeras tiendas de hombres, esa donde uno llega con el marchante (o dependiente) a preguntar por ciertas características específicas con las que se quiere al hombre ideal.

Dichas tiendas, clasificadas por factores físicos y psicológicos ponen en oferta lo más usado hasta en frente y lo más difícil de conseguir hasta el fondo. Hombres con ojos azules, dientes de porcelana, músculos alargados y ejercitados y un porte atlético están en el top de los más pedidos; a lo más cambiara el color de ojos o alguna variante por ahí de acuerdo a la zona geográfica del comprador. Hombres con risa contagiosa, mentes ágiles y que te abracen por detrás son menos demandados; por lo general son regresados a la tienda y reemplazados por los efebos adonis de lozana juventud anteriormente mencionados.

Ni qué decir de las promociones en 14 de febrero, en los fríos invernales y en épocas de solitariedad malsana de los usuarios; en dichas fechas entra la gente en estampida por la puerta y se jalonea, empuja y grita con tal de no quedarse sin su artículo de lujo. Por suerte nuestros muñequitos Ken en exhibición están muy bien entrenados y son eficientísimos en las contingencias populares: atienden de a 3 o 4 al mismo tiempo sin que se enteren los involucrados o bien, atienden velozmente a uno y rápidamente pasan al que sigue sin dar tiempo de un descanso en el ínter siquiera.

Muchas veces se da la mala suerte que el hombre que algún sujeto compró no era el ideal, ni el indicado y demanda a la tienda por embustera, por mentirosa (según sus argumentos); al tratar de explicarle que somos una tienda de autoservicio y qué el mismo lo eligió, el susodicho se injerta en pantera vociferando que él no tiene la culpa que el mundo sea un inepto que todos los hombres sean iguales.


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Resulta muy preocupante el hecho que se tenga, se mantenga y se refuerce esa creencia (a niveles sociales y psicológicos alarmantes) que tienen que cumplirse con exigencias y estándares estéticos, libídicos, emocionales, intelectuales como si fueran meros adjetivos, valores atributivos y partes reemplazables de humanos en lugar de entenderlo como facultades desarrollables.

Es alarmante y crítica la comparación que tenemos con un artículo en venta o con un comprador desesperado. Personalmente los prefiero humanos antes que estandarizados, pero bueno, eso ya es cosa de cada quién.


alternBRUNO°°

2 comentarios:

  1. Muy AI este relato, pero nos acercamos a eso...un saludo

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  2. Típico del ser humano, siempre confundiendo la parte por el todo y tras descubrir horrorizados que hay mas corremos a refugiarnos en la monotonía de la crueldad para no ser vulnerables, para no ser distintos.

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