jueves, 7 de julio de 2011

Sangre y placer: Love is death.


Deliciosa tarde en que la neblina oscureció el jardín de la casa, apenas alcanzaba a ver los rosales que estaban sembrados cerca del muro que encierraba aquel paraíso. Cada rosa envuelvía un mundo digno de ser admirado por todo el ciclo que atraviesan hasta convertirse en la más pura expresión de vida.

Me había preparado un té exquisito de manzanilla con un toque de miel y vainilla y desde un sillón en la sala me detuve a observar como empezaba a caer la lluvia sobre el pasto verde haciéndome recordar aquellos días de mi infancia en los que corría contento de un lado a otro, brincando en los charcos de agua y tirándome a la tierra para sentir como las gotas caían sobre mi rostro, a veces intentando mantener los ojos abiertos pero cerrándolos tan pronto se acercaban a mi por el mismo reflejo corporal.

Era mi inocencia la que me mantenía vivo y sonriendo aunque a veces aislado en un mundo donde solo escuchaba voces y gritos desesperados. Más de un cuarto de siglo ha pasado desde entonces y hoy mi vida se ha transformado.

Estando a solas recuperaba mi esencia, disfrutando lo que me hacía sonreír y vivir lo que me mantenía despierto después del infierno que recién había atravesado y que casi terminó con mi vida.

Encendí un cigarrillo y coloqué un disco compacto en el reproductor de audio en la sala. Me levanté con la taza de té en mano y el cigarrillo entre los dedos. El recuerdo me hizo caminar a aquella habitación en el segundo nivel…

Lentamente subí las escaleras y me detuve a observar el vacío de la casa… entonces escuché su voz. Bebí unos sorbos de té caliente y seguí mi camino hasta detenerme en la puerta al final del pasillo.
Abrí cuidadosamente y empece a ubicar el espacio que tantos días permaneció cerrado. El closet aun abierto como la última vez en que empaqué su ropa para devolvérsela, el mueble del vestidor sin sus pertenencias y con los cajones vacíos hasta de recuerdos, el sillón de la televisión aun conservaba la ropa con rastros de sangre después de esa cruel pelea en que perdí mi dignidad y mi orgullo quedó sobre la alfombra. Mi respiración empieza a agitarse y mis manos llevan la taza de té a mis labios. Caminé al pie de la cama y recordé esa última mañana en que desperté con las emociones revueltas. Fue la última vez que dormí ahí con su cuerpo, mientras su mente descansaba en un espacio ajeno al mío.

El momento había llegado.

Mis ojos empiezaron a reflejar el brillo del deseo y la ira empezaba a carcomer cada célula de mi cuerpo. Ese lugar había dejado de ser habitable…

Caminé alrededor para recoger mis pasos y lo que quedaba de mi dignidad. Vuelví mis pasos a la entrada y caminé al pasillo para recorrer por última vez el lugar que me mantuvo tanto tiempo exiliado de mis propios sueños y de mi misma realidad. Esa jaula que me hizo revivir la pesadilla de un infierno que no era el que tantas veces fue exquisito dominar. Solté la taza al pasar por el descanso de las escaleras, escuché claramente como se quebraba al azotarse en la madera del piso, caminaba lento por la sala y la cocina hasta salir al garaje donde guardaba lo necesario para el final.

Volví dentro y desde arriba empece a regar suficiente gasolina para terminar con los recuerdos físicos de un mundo que me inquietaba ya. Entonces podía escuchar el silencio y ahí encontré mi voz desesperada reclamando revivir mi espíritu.

Bajé las escaleras para vaciar el otro bote de gasolina sobre la sala, el pasillo, el recibidor y la cocina. Tomé mi abrigo y sin derramar una sola lágrima dejo caer un cerillo encendido en el charco de combustible próximo a donde me encuentraba detenido en el tiempo, en segundos las llamas empezaron a consumir lo que no quería más en mi vida.

Encaminé mis pasos a la entrada y encendí el auto manejando a la puerta que da a la calle. Ahí me detuve un momento para salir del auto y, sintiendo la lluvia en mi rostro y mi ropa, ví como la casa ardía por dentro reflejando las llamas intensas a través de las ventanas de la planta baja y el segundo nivel. Era momento de irme para dejar todo eso detrás de mí y así liberar el recuerdo de mi mente y para poder perdonar y… olvidar.

Encendí el motor y lentamente avancé sobre la avenida, las gotas de lluvia empezaban a azotar el parabrisas provocando un ruido ensordecedor que dejé de escuchar en el momento que los recuerdos empezaron a desfilar en mi mente. Primero las sonrisas de la impresión de los primeros meses y al final el dolor de los últimos en que mi tranquilidad quedó aniquilada por la astucia de aquel que venció al rey en la conquista que se convirtió en la más cruel de las batallas de mi vida.

La oscuridad caía … no sé cuanto tiempo había manejado desde esa tarde en que decidí abandonar la casa donde pasé mis días con él hasta el momento en que volví a al apartamento que estaba lleno de mi esencia, de mis sueños y de mi realidad. El mismo que no debí abandonar nunca para, equivocadamente, vivir la realidad de otro.

Esa noche estaba tan cansado y desgastado emocionalmente que preferí tomar un baño de agua caliente para después acomodarme en mi cama y descansar hasta que la luz del siguiente día me despertara.

Amaneció tan nublado que la lluvia no demoró en caer. El paisaje lucía melancólico y en la avenida veía personas envueltas en gabardinas y paraguas para protegerse de la lluvia, la velocidad de los autos salpicando agua y unas cuantas sonrisas marcando la diferencia en la austeridad del mundo allá afuera.

Encendí la música y caminé al baño para ducharme con agua caliente. El vapor inundó la habitación y aun en el ruido pudé escuchar mi respiración y unos cuantos suspiros clamando el deseo del final. Poco más de una hora y cerré las válvulas de agua para secarme y salir a vestirme con la misma sobriedad de los días en los que mi presencia sobresalía entre los que me rodeaban.

Decidí no ir a la oficina.

Hace días ya en que había seguido sus pasos, calculaba sus movimientos y el tiempo que le toma ba cada una de sus actividades. Después de todo, el horario en su empleo me permitía acercarme más a lo que realizaba cada día de la semana. Esa era la mañana de un domingo…

Después del baño dedico un par de horas para acomodar el apartamento que desde hoy será mi nueva casa. Es poco más de medio día y debo apresurarme …

El tráfico de la ciudad era tranquilo y me permitía manejar disfrutando de la lluvia que había vuelto a caer, me detuve para estacionarme fuera de una pequeña cafetería cerca al centro de la ciudad, elegí una mesa cerca de la ventana que daba a la calle principal… tarde o temprano pasaría caminando para volver a su casa. Encendí un cigarrillo mientras me servían el café que había ordenado.

Los minutos pasaban lentos mientras tomaba mi bebida caliente y fumaba el cigarro que sostenía entre los dedos. Alcanzaba escuchar la conversación de los que ocupaban las demás mesas y me perdí en el silencio de mi mente, había esperado tanto.

I smell desire, i taste what is forbidden.

Una hora después pasó caminando frente a mí, dejé un billete sobre la mesa y me levanté para caminar debajo de la lluvia, por momentos apresuraba mis pasos pues sentía que le perdía de vista, una calle de distancia me separaba de él.

La lluvia empezaba a caer cada vez más fuerte mojando mi piel debajo de la ropa, entonces ví que entró en un edificio antiguo, empecé a desesperarme y le seguí hasta introducirme en el mismo lugar, ví como estaba detenido frente a una de las habitaciones del lugar…

Cientos de velas encendidas iluminaban la oscuridad del espacio y un par de personas abandonaban el lugar, estamos solos. Me acerqué discretamente y observé que se había detenido a conversar en silencio y entonces supliqué escuchar el murmullo de sus labios como cuando se acercaba a mí para mentir en mi oído.


















Era el santuario del pecado escondido detrás de aquellos que se detenían un momento en este espacio oscuro. Caminé sigilosamente hasta colocarme detrás de él y cuando notó mi presencia volteó la mirada y se sorprendió al verme sonriendo detrás de él.

- Hola - Dijo casí en silencio y con una sonrisa en los labios.

Sin responder a su saludo enterré el cuchillo que llevaba escondido en el abrigo, se desplomó llevando sus manos a la herida en su estómago que empezaba a sangrar hasta escurrir manchando el piso sagrado. Sus ojos permanecían tan abiertos como nunca lo había observado.

Cayó sobre sus rodillas abrazando mis piernas, y de una patada le hice que me soltara, caminé sin dejar de mirarlo. Desesperado empezaba a arrastrarse hacia la salida de la habitación. Tomé el revolver en mis manos y quité el seguro.



- Hasta nunca Daniel.

Un disparó se escuchó rompiendo el silencio dentro de la iglesia, algunas palomas volaron desesperadas y el aire apagó algunas velas en el altar principal. Afuera caía una tormenta que apenas permitió se escuchara el ruido del balazo.

El asesino caminó apresurado a la salida lateral del recinto y empezó a caminar entre la gente que corría desesperada para cubrirse de la lluvia. Unos cuantos minutos después la sirena de una ambulancia se escuchó cerca y varias patrullas rodearon el lugar.











Se detuvó en una esquina arriesgándose a ser identificado por alguno y entonces observó como sacaban el cuerpo cubierto con una sábana blanca parcialmente ensangrentada y mojada por la lluvia, el agua completamente roja empezó a escurrir sobre el atrio. Las campanas de la iglesia empezaron a ser sonadas y las personas se detenían a observar con incredulidad.

Fue entonces cuando volvió a su auto con la mirada distraída y con una sonrisa delicada y peligrosa. Manejó hasta perderse bajo la intensa lluvia que empezaba ya a calmarse.


El día en que la oscuridad entró en el lugar donde, dicen, los pecados son perdonados... Love is death.





The Legendary King Ray

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