jueves, 5 de mayo de 2011

Mi Pequeña Princesa.





Este es un reino natural y mágico, digno de la nobleza. Y lo encontrarás en tu sueños mi pequeña. Es tu herencia y en cada rincón hallarás una joya convertida en estrella. He reinado en este territorio y algún día cederé para irme descansar en la cumbre de aquella montaña, entonces estarás preparada para cada batalla que te convierta en una mujer firme y libre. Te pediré cuides tu territorio pues te dará lo que necesites para triunfar como mereces.

En el descubrirás el poder de la lealtad, la magia del honor y la maravilla de la honestidad; aprenderás a caminar con sabiduría por cada una de las veredas que te llevarán a la cima del mundo, tal como lo he hecho. Es posible que encuentres obstáculos que te impulsarán a deshacerte de ellos como toda una guerrera y te levantarás sin miedo a las voces y menos a las piedras para seguir tu camino, no temas en acariciar el suelo pues del polvo y las cenizas se levanta el más hermoso ave fénix.

Has crecido ya y es un honor saber eres afortunada por los abuelos que tienes a tu lado. Tu voz es armonía para ellos, no dejes de cantarles tus sueños que ellos son felices al verte llena de sonrisas.

Hoy debo mostrarte lo que te pertenece. Viste la elegancia de una diosa y permite que tus pies queden desnudos, será mejor así. Sentirás la frescura de la naturaleza y el exquisito aroma del viento que se mezcla en el movimiento de las ramas de estos árboles. Toma tu tiempo que te esperaré paciente observando el horizonte, es un día espectacular y el sol, poco a poco, empieza a ocultase entre las montañas que rodean este valle.

Vamos mi pequeña mi mano. Ya esta anocheciendo, las estrellas y la luna definen el buen camino que hemos de tomar. Una vez que el sol se oculte, tus hermanos podrán alcanzarnos, primero debo conversar contigo.


Y así el Rey camino junto a la pequeña, a quien tomó cariñosamente de la mano mientras le observaba con la misma ternura con la que la cargó aquel día en sus brazos por vez primera. El canto de las aves y la neblina acompañaban sus pasos.


Algún día no estaré más contigo y debes tener el caracter de una reina, el coraje de una guerrera y la gracia de una diosa para realizar cada uno de tus deberes y seas recompensada con la alegría de una sonrisa por la brillante decencia de tu espíritu.

Tus abuelos han sido gentiles contigo y debes recompensarles con amor, obediencia y respeto. Ellos estarán contigo guiando tus pasos mientras te ven crecer y debes ayudarles a sonreir cuando ellos tengan los ojos tristes.





Desde el palacio, sus hermanos observaban como el brillo de la luna delineaba su figura mientras se perdían entre los árboles. En el cielo, un ángel interpretaba la dulce melodía del viento con gran exactitud. Entonces el Rey recordó el esfuerzo de sus padres al momento de construirles, si no el mejor de los reinos, si el mejor futuro dando todo de ellos para verle crecer con dignidad.


Sabes pequeña, tus hermanos y tu tienen los mejores abuelos que existen en el reino. Se han desvivido por ustedes, por verles crecer sonriendo aun con todo lo que implica el esfuerzo de dar todo por ustedes, por nosotros.

Eres bendita por tenerlos contigo. Oran siempre por ti, por nosotros. Merecen todo nuestro amor tanto como ellos nos aman. No olvides siempre agradecerles, pues lo han hecho por la firme intención de regalarte un espacio digno de ti así como de tus dos hermanos.

Mira los árboles como intentan tocar el cielo, como acarician las estrellas y luchan por empaparse de su brillo, no es un fácil, pues para ser fuertes e indomables han sorteado con cada una de las tormentas que aquí han caído. Así son los abuelos: fuertes para todo lo que han vivido y dignos aun con lo que les hemos hecho pasar. Y así como observas estos árboles tan tranquilos, verdes y hermosos, así debemos procurar a los abuelos para que sonrían y estén tranquilos siempre.

Deja que sean tus sueños hechos realidad te hagan acariciar las estrellas con tus propias manos, tu espíritu entenderá los valores que te harán vivir con la misma dignidad con la que tus abuelos desean que vivas. No des pasos detrás de ti, debes salvar el reino de los nuestros y tus dos hermanos: Seiji y Alexis, deben cuidar de la dignidad y el respeto.


Una sonrisa, propia de un ángel, se dibujo en el rostro de la pequeña y sus ojos reflejaron el espléndido brillo del paraíso estelar. Se acercaron a la orilla de un río que se conducía entre el pequeño bosque del reino. El sonido del agua rozando las piedras y el canto de los últimos pajarillos complementaban el encanto del escenario.

Apenas se alcanzaban a observar las luces del palacio, mientras los abuelos y los dos hermanos de la pequeña se encontraban en el balcón principal. Sonreían y conversaban lo bien que se sentían por vivir finalmente en el imperio que ellos siempre habían deseado, donde sus nietos estaban siendo educados para convertirse en lo que ellos esperaban.

Ambos caminaron descalzos dejando que el agua mojara sus pies. Algunos peces de colores nadaban en el mismo sentido en el que caminaban ellos. Mientras lo hacían, observaban las estrellas y su rostro mostraba la impresión que les provocaba observar el delicado brillo de la luna, tan elegante como el platino. Las estrellas se reflejaban en el río y los árboles mordían la silueta de la luna.


Algunos animalitos se acercaban sigilosamente a observar el paso de los nobles, el Rey le mostraba algunas flores que desprendían el más exquisito de los aromas celestiales y las frutas deliciosas que colgaban de algunos árboles a la orilla. Poco a poco abandonaron el cauce del rio que se volvió en dirección al horizonte, finalizaba en una magnifica cascada en tono verde esmeralda que emitía un sonido delicado al oído de los nobles. El gran valle apareció rodeado de montañas que se distinguían con el esplendor de la luna. El paisaje era hermoso, pequeños arbustos escondían el tallo de los altos pinos que se alzaban al cielo. El pasto se sentía fresco y oloroso, regalo de los dioses.





Caminaron para detenerse en el centro del valle y ahí El Rey se detuvo para sostener a la pequeña en sus hombros.

Kary te he traído aquí para otorgarte el derecho a la corona del reino que tus abuelos me han heredado y que hoy te cedo el título que un día no muy lejano compartirás con tus dos hermanos: serán Los Reyes y la Reina que harán recordar el respeto por la sangre que corre en nuestras venas y la dignidad que merecen los abuelos.

Hace mucho traje a Seiji, el mayor de tus hermanos y después a Alexis para nombrarles Príncipes Herederos, ahora saben sus deberes y son los mismos que tu debes cumplir. Los tres harán magia en nuestro reino, mi deber es cuidar de ustedes para prepararlos a cumplir la tarea más importante en sus vidas: vivir en la fortuna, entonces papá y mamá habrán conseguido alzarse al infinito celestial.


El Rey se hincó en una de sus rodillas y miró a los ojos de la pequeña.

Este es el día en que, con honor y distinción, te conviertes en la Princesa Heredera. Encamina tu vida con respeto, dignidad, honestidad, humildad, coraje y clase para que la fortuna este en tus manos. Y cuando tus hermanos olviden cual es la misión recuérdales esto.

Entonces los Príncipes Herederos aparecieron caminando despacio. Detrás de ellos los abuelos con una corona digna de la pequeña. Los abuelos se acercaron y colocaron sobre la pequeña la corona de diamantes que brillaba intensa con los rayos de la luna, cediéndole entonces el título de Princesa Heredera. El Rey levantó a la pequeña para sentarla en la superficie de la roca que se levantó en medio del valle.

Un rayo de luz apareció en el firmamento y los Príncipes se acercaron para acariciar el rostro y los cabellos de su pequeña hermana: La Princesa Kary.

Las estrellas y la luna coronaron el horizonte y así inició la historia que les mantendría unidos por siempre para alcanzar cada uno de sus sueños y así la sonrisa de los abuelos.





Dedicado a mi pequeña sobrina, a quien tanto amo.

Raynier.

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