jueves, 14 de abril de 2011

Verdades que matan (2.0) - Instinto


He vuelto a brillar en la intensidad de la noche y las voces han vuelto a pronunciar mi nombre después de la batalla. No hay más, y sé que ya no estás. Tu, el más importante, el que volcó mis emociones, de la tranquilidad de un mar pacífico hasta transformarl
o todo en un huracán.


Estuve sólo el tiempo que consideré necesario para no perderme de nuevo sin haber sanado esas heridas emocionales. Meses después conocí a alguien que me provocó un sentimiento que no se como describir. Su situación de soledad aun en el mundo en el que vive ha sido lo que me ha atraído, además de la emoción de ser esa persona quien me trata de una forma poco convencional y para mi, bastante confortable.


Es la oportunidad de intentar sentir y dejarme llevar por una emoción que parece tan natural y discreta como una sonrisa de complicidad. Una tarde cualquiera decidimos compartir una noche solos en una playa a unas cuantas horas de la ciudad. Con la simple finalidad de alcanzar una conexión mejor.


El trayecto en el auto resultó bastante agradable, como en las conversaciones que antes habíamos sostenido, su sonrisa y su sentido del humor, la magia de las palabras al observar algunos paisajes, la caída del sol desde la carretera. La magia y la protección de su presencia conquistando siempre mi espacio.


Y así después de unas horas que pasaron sin sentirse, llegamos a instalarnos en la cabaña a unos pasos de la playa, la que habíamos rentado al llegar al pueblo. La noche era perfecta y el sonido de las olas estrellándose en unas rocas cerca del acantilado era totalmente agradable al oído. La brisa del mar caía sobre nuestra piel mientras estábamos sentados en la arena a unos pasos de la puerta de nuestra cabaña.


Unos cuantos turistas más disfrutaban de la noche, algunos sentados rodeando una fogata, otros más a lo lejos bailaban con cervezas en las manos. Cada grupo sin notar la presencia de los demás. Y nosotros, mirándonos a los ojos mientras conversábamos y bebíamos un poco de vodka con suficiente hielo.


Los dos nos detuvimos a observar, en el horizonte, el reflejo de la luna sobre el océano. Me perdí en su mirada y solo sonrío. Caminamos unos metros hacia la playa, hasta que el agua mojaba nuestros pies.



No hay antes, ni después. Lejos de la ciudad en la tranquilidad del mar y la suavidad de la noche. Y así, sentados a la orilla de la playa conversamos y jugamos mientras bromeábamos juntos, entonces un beso termino con la distancia física.

Sonreímos.


No había más, los dos juntos dejándonos llevar por una emoción y un sentimiento indescriptible y natural. Nadie nos observaba y nadie nos juzgaba. Eramos dos locos viviendo el momento y la aventura.

Podía sentir su protección y la calidez de su mirada, después una sonrisa tierna en sus labios. Y continuábamos nuestra conversación. Ni uno de los dos hablaba de amor… era más bien disfrutar el estar solos, lejos del mundo y sintiendo.


Y nos recostamos sobre la arena, nos perdimos en las estrellas mientras hablábamos de lo bien que nos sentíamos en ese momento, de la magnifica emoción de compartir una noche así… habíamos esperado tanto. Atrás había caído la máscara con la rudeza de su personalidad para dejar al descubierto una emoción indefensa en busca de amor y protección. Ahí estaba yo acariciando los sueños y la realidad de su persona.

Cuando menos lo esperaba sentí sus labios sobre los míos y nos dejamos llevar por la emoción de estar juntos. Un beso tan largo y sensible que perdí la noción del tiempo.


- Te quiero… - Fue lo único que dijo.

Y el tiempo se detuvo, ni una palabra. Nos levantamos y caminé hacia la playa, a mojar mis pies y empezó a sonreir Dijo que jugáramos un poco y que quería tirarme al agua. No dude en echar a correr, mis pies salpicaban y se escuchaba, además del sonido de las olas, mis pisadas en el agua.


Venía corriendo detrás de mí, su risa se escuchaba en el viento y no dejaba de insistir en que me alcanzaría y me tiraría al agua. Fue divertido para ambos, hasta que me cansé y deje de correr, estaba lejos de la playa. Me alcanzó, me abrazó con fuerza para encaminarme al agua. Puse un poco de resistencia pero al final no lo conseguí y me llevó hasta el agua y en el intento por tirarme, me detuve de sus piernas y conseguí que cayera conmigo. Nos reímos hasta cansarnos. Y volvimos a la arena… nos quedamos en ropa interior, y dejamos la ropa sobre el auto.


Después de un rato propuse que fuéramos al mirador, arriba en un cerro de la ciudad.

- Vamos …- Dijo.

Y así maneje al malecón y de ahí tomé la avenida que sube al cerro donde estaba un pequeño mirador alejado de todo y de donde se podía observar la ciudad desde lo alto. No había nadie afortunadamente y sin decir nada nos empezamos a besar, estaba todo oscuro y le sugerí saliéramos del auto.


Inicio un momento de verdadera intensidad donde solo se escuchaba nuestra respiración en el viento y nuestros cuerpos que se estremecían aun más.


Movimientos eróticos y miradas llenas de placer. Sus labios suaves en mi piel y los míos recorriendo cada parte de su cuerpo. Fuimos tan lejos hasta que el tiempo se detuvo en el clímax del placer. Un suspiro y una sonrisa exquisita marcaron la complicidad de lo que ahora era un secreto.


Y caímos al piso, sonreímos. Dijiste que había sido genial y fantástico. Nos sentamos a la orilla del desfiladero, con la intención de compartir alguna conversación.


- Ha sido agradable esta noche contigo, pero debemos regresar a la ciudad.

- ¿Te veré de nuevo?

- Si... seguramente nos veremos de nuevo - Respondió.


En un instante miro la pantalla de su móvil, y el tono de su voz se volvió indiferente. Se disculpo por que debía hacer una llamada, se alejó.

Volvió, me pidió regresáramos a la ciudad por que había olvidado que a la mañana siguiente le esperaría su novia en su apartamento, y no podía ausentarse. Encogió los brazos y murmuró que lo sentía pero que así eran las cosas.

Y entonces un torbellino de emociones vino a mi, recordando los días en que decía quererme y necesitarme, cuando su soledad le pedía mi compañía, en lo que sentía al recibir algún mensaje de texto en el que expresaba lo que sentía por mi. Recordé las palabras tan tiernas que días antes me había dicho…
No dije nada y le dí la espalda. Empezó a caminar hacia mí. Y me tomó del brazo para voltearme frente a él.

- Aun no estoy seguro Ray, discúlpame.
Y una lágrima escurrió en mi mejilla, baje la mirada al piso, me abrazó y me besó en los labios. Ya nada era igual.

- Te quiero - Fue lo último que escuché de sus labios.


Caminé al auto, abrí la puerta y me agache para tomar el revolver que guardaba debajo del asiento. Encendí las luces del auto para poder distinguir en la oscuridad.

Empecé a recordar y las imágenes llegaron a mi mente en un segundo, cerré los ojos, levanté el arma, tiré del seguro y jalé el gatillo en dirección a su brazo. Gritó al viento, y disparé justo en su estómago. Lo ví desplomarse, me acerqué. Solo gemía, intentando pronunciar palabra, sus ojos estaban llenos de lágrimas.


Y sin pena, con la mirada llena de odio y con lágrimas resbalando en mis mejillas, disparé en el lado izquierdo de su cerebro donde las emociones nacen… y mueren.
Volví a casa manejando y perdido en la inmensidad del engaño.
...


El automovil aceleraba cada vez más rebasando el limite de velocidad y al salir de una curva se encontró frente a un trailer. El auto había invadido el carril contrario, el conductor alertaba con las luces altas y el sonido del claxon. Lo inevitable había ocurrido. El auto termino estrellándose en la parte frontal del trailer, se desbarató.

Las ambulancias llegarón en unos minutos y con la ayuda de bomberos y otros voluntarios removieron los fierros y la carroceria del auto que parecía abrazar al conductor para llevarse su vida.

Una camilla se acercó, consiguieron sacar el cuerpo lleno de sangre. Las sirenas anunciaban el paso de la ambulancia que llevaba el cuerpo casi muerto.
Instinto... Verdades que matan.

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