miércoles, 13 de abril de 2011

#STALKERS

Eres gordo. Tus fotos de perfil siempre están súper retocadas en Photoshop. No hablas más que de sexo. No tienes buena ortografía.

Te la pasas quejándote de todo. No eres feliz en tu trabajo. Te robas los tweets de otros y los haces pasar como tuyos. Eres feo.

César y Daniel se espían todos los días de manera religiosa en las dos redes sociales que comparten. Viven convencidos de que son un excelente partido, que son guapos, que tienen ondita y que su inteligencia es la mejor carta que pueden ofrecer. Se ha convertido en una obsesión que no los deja en paz ni de día ni de noche.

Se odian. ¿El motivo? Un hombre.

Manuel y César tienen una relación de esas que se encuentran en peligro de extinción: estable, con comunicación, de largo alcance. Quizá de mucho más alcance.

Daniel tiene esa peste social que es motivo por la que otros hombres buscan alejar a sus hombres: es guapo, inteligente y soltero.

Bastó una reunión del amigo de un amigo en un conocido centro nocturno gay de la capital para que los tres coincidieran. Fueron suficientes sólo unos minutos para que sus miradas se cruzaran y se despertara en César un odio irreconciliable hacia Daniel. Y como dictan los manuales de buenas costumbres y educación de este lado del océano el odio le fue correspondido. Y ahí comenzó la batalla.

Tras despedirse de Manuel, César corrió a su Mac y se encargó de buscar al imbécil ese en todas las redes sociales en las que sabía podría encontrarle. Facebook le regaló más información de la que buscaba. Detestó sobremanera que tuviera un cuerpo más trabajado y que su sonrisa sin duda fuera una de las razones por las cuales tenía muchos candidatos disponibles. No obstante al leer sus publicaciones y comentarios le pareció que no era muy culto, incluso pensó que era demasiado ordinario.

Daniel hizo lo propio. Tras rastrear su nombre en Google dio con sus perfiles en Twitter y Facebook. Revisó cuanta foto halló y escudriñó cada mensaje compartido en la red por su nuevo enemigo.

Su odio crece día a día sin razón aparente. Se ha convertido en una relación destructiva que se alimenta de los kilobytes de información que a diario comparten en su afán de espiarse. En Twitter César escribe frases sin arroba: despiadadas, provocadoras, agresivas. La estrategia de Daniel es omitirlas y adoptar una actitud de soberbia silenciosa. Pretende demostrarle a César que él es más inteligente, más perspicaz, más superior que él...

César ya no sabe qué otra técnica utilizar. Ha descargado todos los programas que le han recomendado para hackear la cuenta de su rival: saber quién le escribe, cómo es su vida, qué tipo de información comparte... No ha tenido éxito, pero no descansará hasta hallar esa verdad oscura que le dé poder sobre Daniel.

Éste por su parte se dedica a escribir en twitter frases de suma complejidad: desde Saussure hasta Fucault pasando por Lacan, todas con el mismo destinatario: César. Su objetivo es demostrarle a él y al mundo quién es más culto.

Y mientras la batalla medieval para destrozar al enemigo sigue su curso, Manuel sostiene un affaire con un Brasileño que está de vacaciones en México y que es el epítome de su tierra: fogoso y cachondón.

César no tiene ni la menor idea de la existencia del brasileño, ni siquiera lo sospecha. Daniel, por su parte, espera que uno de esos mensajes directos que entran a su inbox en Twitter sea de Manuel, un mensaje en el que por fin lo invite a salir un día de estos...

1 comentario:

  1. En buena onda, yo no le ando sacando los trapitos al Sol a nadie.

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