sábado, 1 de enero de 2011

Desas que la Virgen Te Habla

Ahí disculparán todos ustedes mi tardanza por escribir algo, pero las festividades se atravesaron en mi camino y me impidieron ingresar a este su blog de confianza (suyo de ustedes).

Ya que estamos hablando del tema de las festividades, me gustaría sacar a flote el tema de año nuevo y los propósitos incluidos.

Que si los calzones rojos para el amor, los amarillos para el dinero y los negros p’al sexo, que la ovejita que pones viendo hacia la pared y te trae dinero, que si barres la entrada, que si sales a dar la vuelta con la mochila para viajar más, que si le frotas a la lámpara, degollas una gallina y dices el nombre de “Rumpelstinskin” tres veces al derecho y al revés, son la historia de nunca acabar.

Todas esas tradiciones, hasta cierto punto, me parecen más que funcionales, chistositas, ya que hay muchas personas que creen fervientemente en ellas y ahí te las encuentras a las doce campanadas del año nuevo con unos calzones rojos, barriendo su entrada y paseando su mochila por todo el vecindario.

Sin embargo, no me agrada la idea que al realizar todas estas actividades, esperen a que la virgen (santísima y en toda su gloria ella) les cumpla sus deseos como si fueran por arte de magia.

Si alguna persona desea viajar, tener dinero o encontrar el amor el año que sigue no puede esperar se brazos cruzados, en el sillón de su casa, que vayan a llegar solos, una cosa es proponerse dichas ideas y otra cosa es lograrla por si mismo, algo que se desea no se cumplirá a menos que se busque alcanzar.

Por otro lado, (grinchmente, si) no estoy tan de acuerdo con que sólo a final de año se propongan hacer nuevas cosas ¿Acaso tiene que ser nada más 31 de Diciembre para proponerse a lograr algo?, teniendo 364 días más en los que perfectamente se pueden idear y lograr muchos otros propósitos en lugar de esperar hasta fin de año para ponerse los calzones rojos y sacar la maleta a pasear y esperar que lleguen solos.

Niños, la iniciativa la tenemos todos, la inteligencia también (o al menos eso es algo que se imagina), por lo que en lugar de convertir nuestros propósitos en pecaminosa ropa interior, comencemos a plantarlos en la tierra y buscarlos hacerlos realidad.

A menos de que fervientemente esperen a que “la virgen les hable” y si es así, por favor, no le pasen mi número.

Feliz año 2011 y así

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