miércoles, 15 de diciembre de 2010

Mamá soy jotito y no haré travesuras!


Continuando con el "Jotito series" que, aunque nadie se haya dado cuenta, existe desde mi segunda entrada. Es ahora momento de hablar de la otra parte de la aceptación como un gay oficialmente fuera del clóset y toda la cosa.

Por mi parte, en aquella entrada (¿Por qué no eres una jotita normal?) me dediqué a atacar a ese grupo de personas que durante mucho tiempo han reforzado la idea de que el homosexual, como tal, debe andar por la vida vestido como una bailarina de ballet y con la actitud de una, cuando para la mayoría de nosotros no es así.

Justo recordando aquellas épocas en las que me la vivía dentro del ropero jurándole al mundo entero que era más heterosexual que el mismisimo papa, me encontré con que en algún momento ocurrió que saldría de ese papel y tendría un proceso de aceptación tanto social como interno. Obviamente esto no es sencillo para nadie, mucho menos para alguien que por toda la vida ha sostenido que le gustan las faldas y de repente se encuentra a sí mismo sabiendo que si bien le gustan las faldas, preferiría ayudar a una amiga a escogerlas y no precisamente para admirarle las piernas.

Dentro de este mismo asunto me refería a la "aceptación social" que, para mí, (y en orden de ideas y considero que en lo más sano) empieza por la familia, sino por la tía que vive en muy muy lejano, cuando menos por el núcleo o los más allegados. Y entonces te encuentras en la encrucijada sobre hablar o no hacerlo, pero también entonces comienzan los pensamientos sobre: "Es que me van a correr de la casa", "Van a pensar que estoy enfermo", "Me van a quitar permisos", etcétera.

Después de los nervios y la "temblorina" por nuestros sucios pensamientos, viene la preparación del discurso, hablaré a título personal y mostraré como es que lo hice:

A letra dicta:

"Hola, tengo algo que decirles; En la vida he cometido muchos errores, pero el que estoy por cometer es el más dulce, más honesto y más importante de mi andar. No he embarazado a nadie, nunca he hecho nada fuera de lo común, soy un adolescente estándar y ustedes han estado "contentos" con ello; pero ¿para qué nos hacemos pendejos? lo que yo haga o deje de hacer en ningún momento va a herirlos de muerte. Es mi vida y quiero decidir sobre ella así como cada uno de ustedes ha decidido por la suya, tengo otras preferencias sexuales y soy muy feliz; no espero que lo entiendan, mucho menos que lo acepten, esto es un aviso para que si un día me encuentran en pleno atasque con algún tipo no se sorprendan o piensen que me están violando..."

Y así con las piernas peor que gelatina, el corazón saliendome por el pecho, la voz apretada, apretada (y el culo también) solté mi más grande verdad a los que yo creí conveniente.

El caso que hoy nos atañe, verdad, es que justo por todos los que ataqué en algún momento, mis papás comenzaron a elucubrar en sus cabezotas la imagen directa de mi posando para la foto como lo ilustro más arriba (esto dicho por mi madre); ella creía que al otro día de destaparme iba a llegar con 5 hombres cargándome en una alfombra como a Cleopátra, en tacón de aguja del 200, falda a las anginas y pintado peor que pambazo.

Es duro también para ellos, hay que aceptarlo como tal, no es fácil que de repente tu hijo llegue y te diga: "Quiubo ma' ¿Qué crees? tus hijas ya tienen nueva hermana" También pega, mueve el suelo, cambia el panorama; pero muchos tenemos la fortuna de tener por familiares a personas maduras que viven su realidad y juegan con ella muy amigablemente.

Y si bien ahora no nos hemos convertido en "las mejores amigas", la relación es buena, no por el hecho de que sea o no un gay, más bien creo que he sido parte de ese movimiento de personas homosexuales gritándole al mundo: "¡Mamá soy jotito y no haré travesuras!"

Seguiré informando...
Adios y ¡Tan Tan!

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