miércoles, 8 de diciembre de 2010

Las películas malditas¡¡¡

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Ustedes me conocen. Ya sólo tengo un vicio, el cual es mi cinemanía. Ahora que soy estudi-hambre voy al cine 3 veces por semana y sábados y domingos reviso mi DVDteca. Todo bien hasta ahí. Tertulianos como @zuka666 @caballerosolar @degemeay @Fabcj y demás me han pedido opiniones de películas, actores y estrenos. Es más, estudie Comunicación y me especialice en Medios(Cine, TV y Radio). Mi tesis de licenciatura fue sobre lenguaje audiovisual. Y me sigo preparando (cursos, talleres, seminarios). Se supone que debería de tener cierto olfato. Le atino, pero varias veces me dejo llevar por el placer de sentarme en una sala de cine, rodeado de personas y tragando palomitas. En el arrebato de mi pasión cinéfila encuentro maravillas (recientes como Tetro de Francis Ford Coppola o Bright Star de Jane Campion) o grandes bodrios (el más reciente Skyline o la malísima Somos lo que hay). Precisamente de la última variante les hablare hoy.

Hace un par de meses, con cierto tertuliano que todos ustedes saben quién es, fui a la Cineteca a ver “El listón blanco” de Michael Haneke. Director reconocido, película galardonada y precedida de buenas críticas. Primer error. Era tal mi expectativa que yo esperaba algo magistral. Y no. Uno de los problemas que tenemos “los amantes del cine” es dejarnos llevar por los títulos y halagos de las campañas y prestigio del filme. Nos ciegan con los nombres detrás y frente a las cámaras. Nuestro criterio es devorado por la parcialidad y la pedantería. El listón blanco es una cinta mamona, con fotografía y dirección de arte linda y pensada hasta el último detalle. Pero es tal la pretensión de Haneke de querer enjaretar su mensaje antibélico que cae en lo repetitivo, obvio y fácil del mensaje “El mal es irrevocable y no se puede detener”. Larga, aburrida y con “tensión” escénica que sólo consigue dormir al espectador ante un discurso snob sobre el nacimiento del mal. Ok, el señor director es una leyenda y entrega obras maestras al por mayor, pero creer que Listón blanco está a la altura es un grave error. Es un panfleto antibélico que solo los pseudohipster entenderán (claro, ellos jamás han visto la maravilla satírica de MASH, que es un verdadero alegato a la guerra) por ser petulante y mamona.

Otra cinta que resulto una gran decepción fue Skyline. El tema prometía: invasión extraterrestre, un joven reparto, cinta de bajo presupuesto…esperábamos una maravilla tipo Distrito 9 o Cloverfield, dos de las recientes obras maestras del cine de ciencia ficción y que comparten las características arriba citadas. Ingenuamente compre mi boleto y comencé a sumergirme en el terror de una muy mala película. Personajes unidimensionales, actrices jóvenes al borde de la inexpresividad por el botox, efectos especiales hechos en casa, incongruencias narrativas pero sobre todo la historia es un largo plagio de Cloverfield (la pareja joven que encuentra el amor en medio de la tragedia) y sobre todo de Distrito 9 (vamos pues, el final es CASI el mismo). Es como si los directores de esta porquería se hubieran pasado por el arco del triunfo las coherencias del género y de tan sólo pensarlo maestros como Ridley Scott y James Cameron se lamentan al ver que “la nueva generación” no es nada original y revolucionaria como lo fueron ellos en su momento. La historia jamás es valiente, interesante y humana, algo imprescindible en el género Sci-Fi, por que por más que veamos naves, aliens y guerras fuera de otro mundo, lo que realmente importa es la trascendencia de los personajes y su valía en dos horas de metraje.

La última porquería que vi es Somos lo que hay. La historia es por demás interesante. Una familia de caníbales tiene que seguir adelante cuando el padre de familia muere. Sin embargo cae en todos los clichés habidos y por haber del cine mexicano. Groserías al por mayor (la palabra puta no había sido tan mencionada en 90 minutos), arquetipos de personajes (los gays son “locas” y las prostitutas son escoria de la sociedad) , música de cuerdas estridente (que no pueden contratar a un modesto músico que realmente proponga una banda sonora que se atreve a arriesgar, vamos, hasta el pendejo de Synteck hizo algo original con Sexo, Pudor y Lagrimas) lugares comunes del cine mexicano como miseria, pobreza, corrupción, desintegración familiar, delincuencia, violencia. De verdad ya estamos hartos que los nuevos cineastas se encarguen de retratar el país mísero o el país snob.

En resumen, no se dejen llevar por las recomendaciones y las buenas críticas, está bien arriesgar y entrar a la sala de cine a ver algo nuevo, pero si desde la reseña o del mismo cartel y tráiler de la película visualizamos un bodrio es mejor repetir con dignidad alguna otra cinta en el mismo cine o salir a tomar un café. Es más disfrutable que perder 2 horas de vida, donde en verdad no pasa nada.

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