martes, 14 de diciembre de 2010

La niña te está viendo.

Cuando eres homosexual, bisexual, etc. y realmente te aceptas tienes que trabajar fuertemente en una cosa: ¿Qué te importa lo que digan los demás?, en teoría esto debería ser sencillo, pero no en nuestra sociedad, ¿Por qué lo digo?

Ayer mientras perdía casi tres horas de mi vida esperando a que me atendieran en el IMSS, me distraje haciendo una de las cosas que mejor se me dan en la vida: observar a las personas. Entre decenas de chamaquitos corriendo, en mi fila de espera había 3: una de ellas muy feliz, la otra en su pedo, y una tercera haciendo el tradicional berrinche con berreo y toda la cosa.

Su mamá le dice lo siguiente: "Ya, ya, ¡mira! la niña te esta viendo ,¿eh?. ¿Qué va a decir la niña?".
Y sí, la frase barata funcionó.

Así es querido lector, de esta forma es como crecemos, bajo el estigma de que es muy importante lo que van a pensar los demás de mí si hago - o no- esto o aquello, marcando pautas de comportamiento socialmente aceptadas y dejando muchas veces de lado lo que realmente pensamos, somos o queremos. Pero más importante aún, que no es un aprendizaje real, no es porque se haya entendido el motivo por el cual deberíamos o no hacer las cosas, si no simplemente por guardar una apariencia social.

Si bien, esto es algo que no respeta preferencia sexual, lo mencioné en primera instancia como una cuestión primordial para la comunidad LGBTI porque en verdad es algo básico. Conozco muchas personas que no salen del closet, exactamente por el "¿Qué dirán?"; y es que dejar de hacer lo que quieres o deseas por eso no está padre.

Aprendemos a vivir bajo yugos sociales que en realidad deberían carecer de fuerza e importancia, nos educamos para dejar de lado nuestras necesidades y escondernos de ser necesario para satisfacerlas, vivimos en un mundo en donde es más importante "satisfacer" la expectativa ajena, estamos aquí para quedar bien, para encajar y al final nos olvidamos de nosotros.

Me gustaría entonces proponer que si realmente nos va a importar una opinión ajena, entonces nos aseguremos de que es una opinión que vale la pena, de personas que realmente tienen algo que aportarnos y no de cualquiera que vaya pasando. Dejemos un poco el estilo de vida en donde todo se reprime por miedo o pena, les aseguro que el ser más ustedes les dará un punto más de felicidad en su vida diaria.

2 comentarios:

  1. Antes que empezar a pensar en opiniones externas o de otras personas, debemos de pensar en la nuestra.
    Las personas pueden tener una imagen de ti, pero mientras te encuentres agusto contigo mismo y tengas un buen concepto de ti, lo demás vale tres chingadas.

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  2. A propósito de los fríos calenturientos, recuerdo un pasaje de La Boétie (...de la Servidumbre Voluntaria), donde plantea -ya desde aquellos tiempos- la pendejez que cometemos (muchos) de nacer libres y someternos por cuenta propia, pienso que aplica al tema, salvo respetable opinión en contrario, perdemos libertad en varios sentidos, para el caso, en la más importante: ser quienes debemos y queremos ser; en fin, sígamos en el intento...

    Saludazzo con abrazzo (obviamente prenavideño y bicentenario).

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