jueves, 9 de diciembre de 2010

Instinto

Bajo la lluvia
(Instinto)

Esa tarde quedamos en encontrarnos fuera de la iglesia de Santo Domingo para conversar de nuestros planes. Una vez que nos saludamos empezamos a caminar hacia la plaza principal de la ciudad, sonreíamos cuando nuestras miradas se cruzaban delante de quienes no sabían siquiera lo que pasaba cuando nadie nos veía, cuando compartíamos algo más que una simple amistad. Era lo que yo en un momento sentí una relación de verdad; sin mentiras y con respeto.

Pero antes de encontrarnos, yo había descubierto un secreto que nunca me iba a confesar… Y no, no era eso lo que yo quería. Lastimaba y cortaba la honestidad en lo que yo consideré “un momento agradable”, mientras que él solo pasaba un instante, una amistad en la luz… sexo en la oscuridad. Esa noche pensábamos disfrutar un buen rato en una reunión con sus amigos.

Poco antes de las once nos reunimos para hablar de lo que me había ocultado y que leí por curiosidad, bien dicen que el que busca encuentra, y yo encontré lo que necesitaba para despertar a la realidad. Solo dijo que era por venganza y que no lo veía como amigo ni como algo más. Lamentó la forma en la que conocí sus intenciones y alfinal se disculpó conmigo argumentando que no merecía esto y que debíamos aprender a manejar la relación, solamente pedí respeto.

Después de eso nos fuimos a la fiesta, había buena música y debo admitir que fui hipócritamente “bienvenido”. Empecé a beber sin límite alguno hasta perderme en la intensidad del vodka con red bull. Suplicaba por cocaína.

En la reunión nos mirábamos discretamente y sonreíamos, hubo un momento en que nos acercamos a la ventana, hablábamos de lo que haríamos en la semana. En un momento sus labios estaban cerca de mi oído y con una sonrisa traviesa me dijo que nadie provocaba en su cuerpo la reacción que le provocaba cuando mi piel rozaba su cuerpo. Un vodka más y besé sus labios, nadie nos miraba. Discretamente volví la mirada detrás de mi y ahí estaba alguien que me observaba con miedo.

- “Ven, quiero estar un momento a solas contigo” - Y nos salimos de la fiesta, era ya muy de madrugada.

Y nos encaminamos unas calles arriba de la ciudad, acercándonos a unas escaleras que conducían al mirador del cerro, caminamos algunas avenidas mientras platicábamos de lo que recién había pasado. Confesiones falsas.

Empezó a llover y era bastante agradable sentir como caían las gotas de lluvia en mi piel descubierta, nos besamos una vez más, fue una sensación realmente deliciosa.

Seguimos caminando hasta que llegamos al callejón donde estaba el camino al mirador… la lluvia era más fuerte y nos escondimos debajo de un árbol a seguir conversando y nos reíamos de tantas cosas que olvidaba por un instante lo que había leído en la tarde, pero por momentos carcomía en mí el simple deseo de lastimar.

Subimos hasta la mitad de las escaleras y nos fundimos en un beso lleno de caricias hasta el punto de provocar la sensación del deseo. Fue una vez más algo increíble. Sus manos en mi cuerpo y sus labios en mi cuello. Su cuerpo lucía tan exquisito como la primera vez que le sentí cerca de mí.

Un beso tan intenso que perdí la noción del tiempo y sentí como la lluvia entraba en mi piel mientras besaba su cuello disfrutando de su olor natural que tanto me enloquecía. Era volar en un mundo de ilusiones. Sin nadie alrededor, sin voces murmurando, sin miradas de escrutinio sobre nosotros, sin oídos esperando escuchar nuestro secreto… solo era un mundo alejado de la realidad.

Ese beso fue tan intenso, erótico y delicioso que olvidé todo en un segundo y me deje llevar, entonces…

. . .

Una voz en mi gritó “mátalo!”

Y sin pensarlo un segundo lo empuje al vacío al tiempo que nuestros labios se despegaron y sus manos luchaban en el aire buscando de donde sujetarse para no caer. Eran demasiados escalones y su rostro solo reflejaba una mirada desesperada y llena de miedo.

Miré incrédulo por lo que había hecho.

Su cuerpo se estrelló con los escalones. Su expresión de dolor no fue suficiente para mí, su rostro marcaba la intensidad del golpe en su espalda haciéndole gritar hasta sentir que solo era su voz la que se escuchaba en el viento.

La lluvia empezó a caer más y más fuerte, las gotas se escuchaban cuando caían en el cemento, al poco tiempo, ya se escuchaba como hacían fuerte la corriente de agua que se resbalaba sobre las escaleras.

No dejaba de llover.

Y rodó por las escaleras, eran más de 50. No dejaba de disfrutar el momento. Grito desesperado, ya el dolor por los golpes que se estaba ocasionando eran más lamentables.


. . .

Verlo rodar en las escaleras fue una sensación que dibujo en mi la sonrisa más diabólica que jamás antes había experimentado. Después de todo, ganó el deseo de lastimar.

Baje con calma las escaleras hasta detenerme frente a su cuerpo, estaba doliente por los golpes. La sangre brotaba de sus oídos mientras que sus labios dejaban escapar una línea de sangre que se esparcía con las gotas de lluvia.

No alcanzaba pronunciar alguna palabra pues el dolor le estaba asfixiando. La caída fue suficiente para quebrar algún hueso, pero no suficiente para quitarle la vida.

Caminé buscando algo que me pudiera servir para lastimarle más y encontré una botella que estrelle en el piso y tomé la boquilla, era suficientemente para hacerle delirar.

Me senté en cuclillas sobre su cuerpo y sin meditar otra forma de acabar con su vida, corte la comisura de sus labios hasta abrir lo suficiente para que desangrara más. No soportaba el grito que libero sin esfuerzo. Llorando le arranqué la playera que tenía puesta.

Recuerdo como enterré los restos de la botella en su pecho, después en el abdomen una y otra vez, estaba totalmente bañado en sangre, la lluvia lavaba su cuerpo que no cesaba de sangrar y el agua de la lluvia que corría en el cemento empezó a entintarse. Apenas movía los dedos de sus manos.

Me recosté a su lado a mirar entre como aparecían y desaparecían las estrellas, solo podía escuchar las gotas de lluvia rebotando en el piso. Le abracé y acaricié el rostro casi destrozado, mientras escuchaba el ensordecedor ruido de la lluvia al azotarse en el piso. El frío empezaba a sentirse en mi cuerpo mojado y después de un rato me levanté y empecé a caminar hasta perderme…

Lo maté.



La ilusión se confundió en la realidad y entendí el poder del placer... Hoy no estás más aunque tu aliento sigue en el aire y ese último suspiro tuyo, antes de expirar, aun lo siento cerca.

The Legendary King Ray

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