jueves, 16 de diciembre de 2010

HATERS

En el génesis de los tiempos de las redes sociales, Dios le dijo a sus discípulos "mi twitter os dejo, mi Facebook os doy" y sin más, con cadencia y elegancia, subió a los cielos y se sentó a la derecha del padre desde donde mira, juzga y, en contadas ocasiones, salva al mundo desde su BlackBerry.

Un buen día, Lucifer, quien era el ángel más hermoso de todos, el querubín protector, músico y director de la alabanza a Dios; decidió que él también podía brillar en las redes sociales y, junto con sus secuaces, comenzaron a crear sitios alternos donde el altísimo no podría mandar mensajes y enseñanzas (porque es sabido por todos que Metroflog y Hi5 no son accesibles desde un teléfono inteligente).

Y el Altísimo descubrió una mañana esa horda de mensajes ezKriiToz aZZiii en su muro y en su timeline y su furia, dicen los que saben, fue tan grande que inmediatamente pidió saber el nombre del que se había atrevido a profanar su inmaculado perfil. Preguntas y más preguntas llevaron a Gran Señor a descubrir a Lucifer usando semejante lenguaje hereje. Por tal atrevimiento se le condenó a él y a sus aliados a ser desterrados a la tierra, al mundo mortal, con una maldición que los seguiría por los siglos de los siglos: serían juzgados por todos en las redes sociales, denigrados y tomados peor que  aquella serpiente incitadora al pecado.

Naturalmente Lucifer decidió que no se iban a quedar con los brazos cruzados por lo que, antes de bajar al Hades y dejar la tierra, procreó unas criaturas místicas, unos seres que contenían todo el resentimiento que el Señor de las Tinieblas guardaba en su corazón contra el Altísimo. Decidió que todos, aquí abajo y allá arriba, los conocerían como "haters".

Y se encargó de hacerlos lo más temibles e insufribles posible. Y la nueva era llegó. Los haters comenzaron a seguir y espiar a todos los hombres y mujeres de buena voluntad para encontrar una frase, una palabra, un status o un tweet que les sirviera para crear calumnias, inventar chismes o, peor aún, para injuriar que querían ser como el mismísimo Señor de los Cielos...

***

Dicen los sabios y estudiosos que algo así sucedió en el principio de los tiempos. Sabrá aquel si es verdad, lo que me queda claro es que los "haters" son más comunes que los resfriados en diciembre cuando se trata de Redes Sociales. Los hay de todo tipo:

a) los que envidian que seas más guapo, más delgado, más triunfador o sencillamente más popular que ellos.

b) los que al ser bateados cual "jonrón" se encargan de inventar cuanto chisme llega a sus dos neuronas de forma tal que tus posibles "prospectos" salgan huyendo sin mirar atrás (no vaya siendo que se queden como la esposa de Lot).

c) los que no te conocen o te han visto una o dos veces de lejos y, basados en lo que escribes en tu blog, en tu twitter o en facebook, juran y perjuran que quieres ser igualitos a ellos, casi casi clonarte y andar por la vida haciendo y diciendo las mismas pendejadas que dicen ellos.

d) y finalmente, no por ello menos peligrosos/castrosos, están los que aparentan ser tus cuadernos de doble raya, más íntimos contigo que una toalla sanitaria y que, en horarios en los que saben que no estás presente (al menos para defenderte) despotrican y escupen su veneno haciéndote ver como la peor persona que alguien podría toparse (eso sí, en horario estelar no dejan de "chulearte", "adularte" o decir que eres lo mejor que les ha pasado en la vida).

Ponerme a enlistar las motivaciones que estos seres aberrantes tienen para justificar su precaria conducta es estéril. En verdad, se debe de tener una vida vacía, insignificante o rutinaria para (a) revisar lo que el otro dice o hace, (b) pensar la manera en la que lo difamarán y (c) enojarse al punto de "odiar" a alguien y hacerlo público. Goooooeeeeeiiiii!

Y es que en esta vida hay tanto que hacer que uno no termina de entender que aún existan personas tan sosas como las canciones de María José. En tantos lugares hay talleres tan coquetos y tan bonitos en donde nuestros haters podrían encontrar a más personas frígidas, solas y amargadas como ellos (y si no me creen, dénse una vuelta a los talleres que ofrece el Gobierno del Distrito Federal de manera gratuita: macramé, repujado, tejido, yoga y un largo etcétera).

Otra duda que me ha asaltado muchas veces es ¿así como son de nefastos en las redes sociales son en la vida normal? ¿no tienen a algún familiar que les diga -al menos que les insinue- que de plano lo que hacen no está cool? Porque me da la impresión que como en la red social el "anonimato" viene en el combo, entonces aprovechan para ser las "intrépidas" y "populares" que en su miserable vida tienen negado por los siglos de los siglos.


La verdad es que no sé. Lo que sí creo es que si tienes la desgracia de tener un hater confeso o de clóset lo mejor es resignarse pues son como las vajillas de barro (sí, esas de pueblo y así): corrientes pero resistentes.

That's all.

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