jueves, 2 de diciembre de 2010

Mi Funeral(2.0)

“Cierra la puerta por favor.”

Parecemos extraños a lo que un día fuimos, sentados aquí dándonos la espalda al tiempo que la memoria termina por extinguirse.

Y la mirada perdida.

Me siento frente a ti, y te miro buscando una sonrisa, pero no queda una sola línea delicada de tus labios para mí, el viento se lo ha llevado todo y no ha dejado rastro de lo que un día existió.




No hay más sonrisas atrevidas a la mitad de una conversación, no hay más palabras que encuentran un espacio en el corazón del otro, no hay más complicidad en los minutos de locura, no hay más… nada.

Se ha perdido todo y el último suspiro se acerca.

Entonces me levanto y camino paciente alrededor tuyo intentando que la memoria vuelva a tu cuerpo y puedas abrazarme. Vueltas y más vueltas, ha caído la noche.

Al paso de los minutos voy colocando algunas velas en la habitación que enciendo con la misma tranquilidad de mi respiración, el ambiente se vuelve tenue. Y así, me encamino al rincón para abrir el cofre de nuestra memoria. Tomó tantas flores rojas como recuerdos que hay dentro. Y lentamente, por respeto al tiempo que compartimos, les encuentro un espacio entre las velas, entre el olvido. Todo luce perfecto.

Bienvenido a la antesala de mi estado mental.

Está todo impregnado con el enigmático aroma del preludio mortal, flores rojas que marcan el intenso color del amor y velas suaves que recuerdan la nostálgica oscuridad de las últimas noches.

Tú, ahora en pie y delante de mí detenido en el tiempo y en el espacio, tu mirada luce ausente mientras observas como me recuesto en este espacio reducido al tamaño de mi cuerpo.

Sí, es el final.

Ayer sonreías mientras caminábamos juntos, ayer solías decirme te quiero y tu mirada se llenaba de brillo. Hoy tu semblante luce diferente, no hay nada que hacer, la guerra ha terminado y es momento que me retire. Tu fortaleza sigue intacta y la mía… la mía ha quedado hecha pedazos en el jardín de tu castillo.

Esta ha sido la batalla que más ha dolido y deje todo. Lo acepto, tengo miedo, pero es veneno letal lo que ahora respiro.

“Ven, acércate…”

“Eres el niño más tierno y noble que he conocido en mi tiempo de vida. El único que he conocido ha tenido la capacidad para hacerme sonreír con solo mirarme. Te amo por lo que siempre has significado en mi vida, te amo por tu forma de ser, te amo por las tantas veces que estuviste cerca de mí, sin que yo lo pidiera… Gracias.”

Y entonces te acercaste a mí intentando abrazarme, pero no había espacio suficiente para eso, en cambio acaricié tu rostro y te acerqué a mí para besar tus labios…

“Te he querido tanto y me has hecho tanto daño…”

Y al final solté tus manos.

“Apaga las velas, recoge las flores... cierra el ataúd. Es mi funeral.”


… aún recuerdo el silencio del final.
Raynier.

2 comentarios:

  1. Ray, gracias por tus historias. Siempre con tu sello, siempre tu. :)

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  2. Gracias por leerme, somos colegas de blog... y debo confesar esta ha sido la historia que mas me ha costado escribir, vivir y sentir. Es propio del final de un amor...

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