miércoles, 24 de noviembre de 2010

La tercera es mejor…las películas que deben ver…AHORA¡¡¡

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Y continuamos con la famosa lista tertuliana de cine.

1954: De Aquí a la eternidad. De Fred Zinneman. Un clásico del cine de guerra. La historia de amor, lealtad y belleza entre la bestialidad del hombre.

1954: La ventana indiscreta. De Alfred Hitchcock. Película que aún es objeto de análisis. Basada en el relato breve de William Irish presenta a un periodista confinado a su habitación por una fractura que le impide desplazarse, es testigo de los sospechosos movimientos de un vecino que ha asesinado a su esposa. Junto a su novia, el protagonista decide encontrar la verdad. Una de las mejores películas de la historia del cine.

1954: Nace una estrella. De George Cuckor. El triunfal regreso de Judy Garland. Un famoso actor en decadencia por culpa de su adicción al alcohol, convierte a la camarera con la que está iniciando una relación en una nueva estrella de la canción, dado que tiene mucho talento. Él se encarga de introducirla en el mundo de los musicales cinematográficos. Ambos se casan y, conforme ella asciende en su carrera y se convierte en una auténtica estrella, él poco a poco, se va autodestruyendo más y más.

1955: El hombre del brazo de oro. De Otto Preminger. Introdujo a Frank Sinatra como un hombre adicto a la heroína. El realismo y la crudeza de sus escenas hicieron que se le negara el permiso de exhibición.

1955: Las diabólicas. De Henri-Georges Clouzot. La novela del binomio Boileau-Nercejac marcó al cine de suspenso.

1955: Al este del edén. De Elia Kazan. En Salinas, California, vive un taciturno agricultor de lechugas, con sus dos hijos Carl (James Dean) y Aron . Entre los hermanos existe una rivalidad por la atención y el afecto del padre. Son los tiempos de la Primera Guerra Mundial y su negocio resulta exitoso. Pero el destino lleva a Cal a descubrir que su madre, Kate a quien creía muerta, realmente vive administrando un burdel. Desorientado y deprimido Cal le ofrece el dinero ganado a su padre, el cual lo rechaza, desencadenando un trágico final.

1956: Atraco Perfecto. De Stanley Kubrick. Aunque no está libre de las convenciones del género, su tercera película de Mr. Kubrick, revela ya indiscutibles rasgos de originalidad y vigor de un cineasta consagrado. Filmada en blanco y negro, esté homenaje al cine negro relata el asalto a un hipódromo desde la perspectiva de los organizadores. Obra maestra.

1957: Un puente sobre el río Kwai. De David Lean. Épica que denuncia el sinsentido de la guerra.

1957: El séptimo sello. De Ingmar Bergman. Obra fundamental de la cultura occidental. Después de combatir en las cruzadas, un caballero atraviesa la Europa medieval devastada por la peste bubónica y el fanatismo religioso. En su búsqueda de Dios, encuentra a un grupo de actores, campesinos que sufren de hambre y al final se enfrenta a la muerte misma. En la secuencia cumbre juega una partida de ajedrez con ella.

1958: Vértigo. De Alfred Hitchcock. Otra obra maestra. Una historia ambientada en San Francisco. James Stewart representa a un detective acrofóbico contratado para seguir a la esposa suicida de un amigo. Después de rescatarla en la bahía , se empieza a obsesionar cada vez más con la bella y atribulada mujer.

1958: Los amantes. De Louis Malle. Historia de intensa carga sexual, protagonizada por Jeanne Moreau. Censurada (todavía) y criticada por la iglesia católica.

1959: Hiroshima mi amor. De Alain Resnais. Pieza clave de la nueva ola. Presenta una historia de amor a la sombra de la bomba atómica.

1959: La dulce vida. De Federico Fellini. El maestro realizó un homenaje al cine y reveló la vida vacía y divertida de sus estrellas, en el contexto de la sociedad romana de la posguerra. Parrandas, conversaciones con periodistas (de aquí surgió el termino paparazzi) caminatas sin rumbo y el sensacional ritmo de Dámaso Pérez Prado hacen de la película una pieza excepcional. En una escena memorable, Anita Ekberg se baña en la fuente de Trevi mientras la observa Marcello Mastroianni. Toda la historia del cine se justifica con esa escena.

1959: Una Eva y dos Adanes. De Billy Wilder. Aunque se trata de una comedia, resulta perturbadora incluso en nuestros días. Dos jazzistas se disfrazan de mujeres para huir de unos gángsters. Integrados a una orquesta de señoritas, uno de ellos se enamora de la cantante encarnada por Marilyn Monroe.

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