miércoles, 27 de octubre de 2010

PERRA TE VAS A QUEMAR EN EL INFIERNO!!!

Eso fue lo que me dijo una amiga cuando, asustado, le conté esta historia, que aunque parezca el resumen de una película de Pedro Almodóvar, es de la vida real. Yo sé, parece mentira, pero me pasó y alguien que se la sabe casi de memoria me pidió que la escribiera. Para que no les pase!!!! Ojo muchachos! El diablo es puerco.


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La habitación tenía 3 partes. Un salón con una biblioteca grande, un escritorio y una mesa para leer. Luego venía el dormitorio: cama sencilla, clóset y televisor. Y al fondo estaba el baño. Mientras él me miraba con cara de "cómeme" yo no podía disimular mi incomodidad. Detallé cada parte del lugar esperando a que mi amiga me llamara. La biblioteca efectivamente estaba llena de libros de derecho y teología. Había Cristos, Vírgenes y cuadros de ángeles por todas partes.

Para romper el hielo, o para hacerlo sentir mal, le dije: “esto parece un convento”. Y él, muy descaradamente me respondió: “jajajajaja, cierto? Es que antes era un convento, pero ahora rentan habitaciones y como mi apartamento está en remodelación entonces me estoy quedando acá. Pero es rico sentir ese ambiente como celestial”. Pfffffffffffffff!

Yo seguía mirando todo. “Pero como que te gustan mucho los ángeles, no?”. Tenía como 7 cuadros grandes de hombres alados encima de la cama. “Sí, los colecciono, estos me los trajo un amigo de no sé dónde y los puse acá para que me acompañaran mientras me entregan el apartamento”. No sé si el tipo me vio cara de pendejo o qué, pero él insistía con su historia. “Pero sigue, siéntate en la cama tranquilo. Con confianza”.

Prendió el televisor, se sentó al lado mío y mientras veíamos a Laura en América, o a quién fuera, comentando la moda de los asistentes, él empezó a hacer ruidos. En serio. Creo que algo lo poseyó porque cada 5 segundos emitía un sonido como de marrano. Yo tenía ganas de vomitar y salir corriendo pero no quería hacerlo sin tener una excusa como la llamada de mi amiga, que aún no se efectuaba.

Le pedí el baño prestado, me encerré y me quedé mirándome en el espejo un buen rato. Me sentía muy mal. Antes había salido con un seminarista pero sólo nos habíamos fajado y no precisamente en un lugar como ese. No sé por qué pensé tanto en un secuestro o en un asesinato. Si ese tipo no me mataba, lo harían los 7 curitas sesentones y la monja con arnés. Y si salía vivo igual me iba a quemar en el infierno.

Me acordé del Yo Pecador: “Yo confieso (…) que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.” Ya había pensado en cogerme al cura, así que ya había pecado de pensamiento. Ya le había dicho que sí iba a su apartamento (convento) así que ya había pecado de palabra. Ahora venía la decisión: ¿obra u omisión?. 

Si le echaba muela, Dios me iba a castigar por hacerle romper el voto de castidad a uno de sus elegidos pero la iba a pasar muy bueno. Si no lo hacía daba igual, ya tenía dos pecados encima, uno más no hacía la diferencia. Además, terminaría el día con "calambre llanero" y no creo que una condena en el infierno sea más terrible que un dolor de huevos. Mi mamá siempre me dijo: “es mejor arrepentirse de algo que se hizo que de algo que se dejó de hacer” y Diego Torres remató con: “es mejor perderse que nunca embarcar, mejor tentarse a dejar de intentar…” . Así que en medio de tanta filosofía me embarqué y decidí pecar de obra y no de omisión. ¿Qué tal Diosito me haya puesto en esas para quitarle las ganas al cura antes de que violara a algún monaguillo? Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa!

Salí del baño. Él me miró con ojitos cachondones y me dijo: “¿Tú eres activo, cierto?”. Yo le respondí: “Sí Padre”. “Pues qué rico porque yo soy bien pasivo!!”, y zaz, me mandó la mano "al cirio". Ahí yo ya perdí el año, el bautizo y la primera comunión. Que el faje, la manoseada, la quitada de camisas, afuera calcetines, afuera pantalones, lo tiré encima de la cama y me quedé mirándolo, estaba delicioso. 

Pa’ qué pero Diosito se mandó con ese cura. De pronto pan pan pan parara… los dos nos pegamos un susto del demonio, me imaginé a Monseñor Rivera Carrera entrando a darme con un látigo. Fue mi celular. Respiramos, él siguió en lo suyo y con la boca llena me dijo que contestara para que no sonara más. Era mi mejor amiga, estaba un poco asustada por el mensaje, aunque los 5 minutos ya habían pasado hacía como 20. 

- “¿Estás bien?... sí, hija, ahora te llamo. 
- ¿Seguro que estás bien?... que sí… -ahhhhh. 
- ¿En dónde estás?... 
- uhmmmm estoy donde un amigo, te llamo cuando salga…. Uuufffff. 
- Por favor! ¿Quieres que llame a la policía?... Siiii… ay no!… todo está muuuyyy bien, ahorita hablamos. Ciao!”.

El rito siguió su curso. Me sumergí en su pecho perfecto y velludo un buen rato, fui bajando, jugué con su ombligo y llegué. Le quité los calzoncillos y zaz, salió una cosita de nada. Me acordé que en Semana Santa siempre venden cirios pascuales de diferentes precios y tamaños... pues este creo que lo regalaban. Nunca había visto un pene tan pequeño, bueno, para alguien de esa edad. Soy muy malo para los cálculos pero creo que erecto medía unos 5 centímetros y era delgadito. Ahhh, eso sí, chiquito pero bien proporcionado. Era la uretra apenas forradita. Juro que no me reí. 

Con razón se metió de cura, pensé. 

Me pareció tierno el penecito, así que jugué un poquito. ¿Han chupado un "chupirul"?

Lo bueno fue que más adelante, o más atrás, me di cuenta que Dios no me iba a castigar por haberle hecho romper el celibato al Padre Guarever. Tenía ese trasero como la puerta de una catedral abierta de par en par. Lo mío entró como Pedro por su casa, suavecito y derecho. Así que yo no había roto nada. Eso ya estaba usado. Un pecado menos.

Todo iba bien hasta ahí… a excepción del pequeño paquete del susodicho. Pero llegó el momento de clímax y la cosa cambió. Estábamos en pleno "pollo asado" y este señor se empezó a transformar. “Dame duro, soy tu perra callejera!” era lo más decente que decía mientras jadeaba. Sí, es rico escuchar cositas sucias pero no taaaan sucias y menos de la boca de un ministro del Señor. 

Ahí me bloqueé, empecé a mirar al frente y me sentía en el purgatorio. Los siete ángeles me observaban con horror, las vírgenes y los cristos hablaban entre ellos preparando mi castigo. Al otro lado, en el resumen de la posesión de Obama, Aretha Franklin cantaba My country is tis of thee, con ese moño gris gigante y diabólico. Yo no sabía para donde mirar, ya quería terminar mi tarea, callarle la jeta al cura y salir corriendo de ahí, pero nada. Supongo que por la desconcentración y el mal momento que estaba pasando, esa fue la venida más eterna de mi vida.

Me limpié, me vestí y cogí mis cosas. Él hizo lo propio y salió de la habitación, a mirar que el camino estuviera despejado para mi partida. Mientras tanto yo esculqué todo, como La Dueña buscando una prueba de la infidelidad de Luis Fernando. Me sentía engañado. Necesitaba confirmar mi sospecha. No encontré sotanas, pero encima del escritorio había una hoja plastificada con las extensiones y números de las habitaciones del convento. 201 Fr. Pepito Pérez, 202 Fr. Sultanito. Llegó él y me dijo que saliera ya. No alcancé a ver el resto de las lista ni el número de la puerta, así que quedé en las mismas.

Me hizo salir por el estacionamiento, se despidió en voz baja y me dijo: gracias!. Ahí la terminó de cagar. Cómo es que dice GRACIAS?!. Sí, yo sé, le hice un gran favor, pero uno no agradece después del sexo, a menos que sea con un prepago y te haga algún descuento. Me dieron ganas de escupirle y de empezar a gritar "cura pervertido!". Me contuve y me fui. Todo me temblaba, me dio un ataque de risa nerviosa, me sentía ansioso, quería llorar. Llamé a mi mejor amiga y le dije: 

-Me acabo de coger a un cura por tu culpa! 

Ella casi se sale por la ventana del taxi en el que iba y me hizo ir hasta donde estaba para contarle la historia.

Luego llegué a mi casa. Después de una pequeña investigación con mi amiga Margarita, la misma que me dio la sentencia que titula este post, encontré lo siguiente: Sí era un convento el sitio que visité y todavía funciona como convento. Allí viven los frailes de una orden religiosa y la mayoría son profesores de una universidad católica que queda al lado. No son curas pero son como monjas masculinas y una de sus virtudes es el celibato. ¿Eso es una virtud?


(Texto adaptado de "Hombre con hombre", 2010)

6 comentarios:

  1. Jajajajaja Me encantó la entrada!!! Esto me supera! que buen post un 10+ para ti :D jajajaja

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  2. Ahora que sé que fue mi editor en jefe puedo decir: NO MAMES, estuvo increíble! Otra veeez!!!!!!! Eres grande chief!

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  3. A eso le llamo una historia interesante.

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  4. NO MAMMMMMMMMMEEEES!!! me encanto.... lo lei en 2 minutos de tan apresurado q qeria saber mas para imaginarlo

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