sábado, 30 de octubre de 2010

En casa de la abuela ...

Sé que ésta entrada es un poquito distinta, pero quise darle un giro a lo que escribo regularmente, así que decidí traer a mi nueva casa una historia vieja, íntima y para nada igual a lo que me han leído. (En casa de la abuela, "Corre, ve y dile!", Abril 2009)

He tenido varios extraños "flashbacks" hay recuerdos muy distantes, a penas nítidos y claros... Mis abuelitos no están en casa, y por tanto este lugar perdió su esencia de protección, y supongo que será algo bueno...
Recuerdo aquellas tardes largas en que mi abuelita y yo nos sentabamos juntos a esperar a mi abuelito, mientras limpiabamos los frijoles y me contaba historias épicas, cuentos padrísimos que me hacían viajar a mundos que imaginaba y me sentía en ellos, personificaba por lo general al protagonista, y después de unas cuantas horas, llegaba mi abuelito con algún regalo para su "único" nieto, a penas lo sacaba de donde lo traía y yo ya lo estaba saboreando (por lo regular era un pan). De fondo, mientras todo pasaba, tenía a Alberto Vázquez, o Manoella Torres cantando canciones que para ese momento ya eran "clásicos" de ellos. Para la noche, cerca de las 9:00 p.m. confirmaba que nuevamente me quedaría a dormir y saltaba de gusto porque eso significaba un rico desayuno entre platica de como sería YO de grande, miles de risas por mis interminables chistes y nuevos descubrimientos, como que tenía un nuevo diente, o que tal vez en algún momento aprendería a escribir.
Era naturalmente fantástico porque al llegar la noche al punto de que Emmanuel debía dormir, todo se convertía en silencio, sólo se podía escuchar la voz de mis abuelitos acompañándome a rezar mis oraciones (CUANDO ERA NIÑO ESO ERA IMPORTANTE...) y me quedaba dormido en brazos de alguno de ellos, como el frágil pedazo de humano que era en ese momento. Días enteros pasaba queriendo descubrir nuevos números, nuevas letras del abecedario, como se hacía el arroz tal vez, o de donde venían los bebés... Recordar estos capítulos me da muchisima nostalgia, he de confesar que tengo los ojos llenos de lágrimas.
Y es porque me sentía protegido, y aún a mis 20 años, a veces me siento a escuchar las historias que le cuentan a mi hermana pequeña, y aún a mis 20 años, personifico al protagonista, y aún a mis 20 años, abrazo a mi abuelita y me convierto en ese niño que fui algún día, ahí no me importaba estar al lado de nadie, ni si tenía o no mas amigos, o mas dinero que el vecino. Me siento desprotegido, desnudo, y sin sentido. He comenzado a ver como los años pasan por aquel par de héroes y me lastima pensar que algún día tengan que partir, y mas aún, que ese día seguramente habrá de llegar en un tiempo no muy lejano.
Los extraño, y no porque se hayan ido hoy en la mañana, sino porque hace mucho tiempo que ya no me quedo dormido entre los brazos de alguno, y porque he dejado que mi vida pase sin gozarlos mucho, o tanto como lo hacía hace algunos años atrás. Me incomoda que tenga que mentirles sonriendo cuando estoy destruido por dentro, y no porque ellos no quieran enterarse de mi vida, sino que pretendo evitarles una preocupación mas, y claramente no estoy dispuesto a crearles un mal momento.
A veces quisiera recompensarles todo lo que me dieron cuando era niño, y lo que me han enseñado a lo largo de casi 21 años, después de todo mis padres biológicos, sólo llevan el título por añadidura, porque mis verdaderos padres, han sido mis abuelitos. Los vi sufrir cuando tuve que abandonar mi sueño de estudiar, los vi sufrir cuando les informé sobre mi situación, los vi sufrir cuando lloré por haber perdido un "amigo", los veo sufrir cuando no sonrío.
Pero cuando los veo jugar juntos, cuando los veo reírse con mis tonterías, o con los chistes de alguien mas mi mundo se llena; cuando los veo bailar, me remonto a aquellas ocasiones en que celebrabamos algún cumpleaños o algún aniversario en algún restaurant con música viva, y ellos bailaban juntos y yo me paraba a su lado, e imitaba sus pasos, fui llamado "Sergio el bailador" por eso a mis cuatro años; y entonces cuando tengo que bailar lo hago pensando en eso, en la sonrisota entre burlona y de felicidad que se pintaba en sus rostros cuando lo hacía.
No cabe duda que en esta vida, me concedieron encontrarme con dos angelotes, con dos personas que me cuidarían fuera como fuera, y que protegerían mis pasos, desde aquel momento en que se dieron cuenta que ya caminaba...
To be continued...

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